lunes, 1 de mayo de 2023

Jumento


Félix de Cantalicio, nació en Cantalicio – Italia, el año 1513. Sus padres eran campesinos pobres pero muy piadosos. De niño Félix se dedicaba al pastoreo de ovejas y estando en el campo, trazaba una cruz en la corteza de un árbol, donde pasaba largas horas rezando ante esa cruz. Mostrando así, desde muy joven una gran piedad y deseos de ser Capuchino. A los 32 años pronunció sus votos, tres años después ingresa al convento de San Buenaventura de Roma.

Antes de entrar al convento, Félix vivió un episodio que lo hizo pensar que iba a morir, un día estando arando el campo, de pronto los bueyes se asustaron y se le lanzaron encima. Sintiendo que iba a morir allí pisoteado por los bueyes, le hizo una promesa a Dios de dedicar toda una vida más perfecta. Félix salió ileso del accidente y al escuchar leer un libro de vidas de Santos, su deseo fue el de imitarlos en la oración y en la penitencia y es así, como decide solicitar ser admitido en la comunidad de padres Capuchinos.

Antes de ser admitido el superior de la comunidad intentó disuadirle de su intención de ingresar a la comunidad, para ello le describió fuertemente las penitencias que había que hacer en la comunidad y la gran pobreza que allí se vivía. Ante este planteamiento, Félix le pregunta: «Padre, ¿en mi habitación hay un crucifijo?». A lo que el superior le responde «Sí, lo habrá», y le dice al superior: «Pues bastará mirar a Cristo Crucificado y su ejemplo me animará a sufrir con paciencia». Ante estas respuestas, el superior pudo comprender que este joven amaba y meditaba la Pasión de Cristo, y procedió a admitirlo a su comunidad.

San Félix de Cantalicio, fue tal vez, uno de los santos que alcanzó mayor popularidad en la vida de la ciudad de Roma. Donde siendo un pobre Fray Capuchino que durante cuarenta años pedía limosna para su convento con alegría y buen humor, donde siempre lo esperaban los niños para escuchar sus historias. De allí su gran popularidad en la ciudad de Roma.

Además de solicitar limosnas para su convento, él las pedía también, con permiso del superior, con el fin de auxiliar a otros necesitados. Socorría principalmente a los niños abandonados en las calles de la ciudad.

La vida de San Félix de Cantalicio es de gran pureza dedicada al servicio de Dios, llena de una sublime sencillez, con alma transparente como el agua clara con profunda caridad, que es la forma más pura del amor. Y quien también sabia dar vida a todos los capuchinos que vivían con él en el convento.

Son muchas las anécdotas en la historia de este santo, de quien se dice dormía cuatro horas al día, que durante las tres cuaresmas de San Francisco ayunaba con pan y agua.

San Félix de Cantalicio falleció el 18 de mayo del año 1587, a los 72 años, y presintiendo su muerte decía “El pobre jumento ya no caminará más”.

Luego de su fallecimiento el pueblo romano solicitó su canonización. De allí que el papa Sixto V, que conoció al Fray Félix, recolectó dieciocho milagros gracias a la intercesión del Santo para su beatificación. Siendo uno de los milagros más resaltantes el del día que fray Félix oraba en el convento ante la imagen de Nuestra Señora con el Niño, de acuerdo al testimonio de un testigo ocular, la Virgen le cedió el Niño al fray para que lo acariciara. Este milagro fue inmortalizado por el gran pintor Murillo en uno de sus cuadros.

El 1° de octubre de 1625 fue beatificado por el papa Urbano VIII y el 22 de mayo de 1712 fue canonizado por el papa Clemente XI. Su festividad se celebra en la iglesia católica el 18 de mayo.

 

 

 

Fuente:

https://www.franciscanos.org/bac/felixcant.html

https://es.wikipedia.org/wiki/F%C3%A9lix_de_Cantalicio

https://www.tesorosdelafe.com/articulo-202-san-felix-de-cantalicio

https://diocesisdeciudadguayana.org.ve/san-felix-de-cantalicio/

Bornos, A y Prim, E. (2002) Los Santos que nos protegen. Editorial Nomos. Colombia.

 

 

 

 

 

 

2 comentarios:

  1. Exelente relato de la vida de San Félix de Cantalicio. Muchas gracias

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  2. Otro relato que profundiza en la fe y amor a nuestro Dios.
    Entrega total y convicción de nuestras creencias.
    Excelente historia.
    Cariños, Ede

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