viernes, 7 de septiembre de 2012

LA TOLERANCIA







Estando reunido con un pequeño grupo de amigos, digamos que en una cena muy intima, ofrecida y preparada de manera exquisita por la orfebre Flor Maritza Areinamo, les comente que estaba viviendo una situación que me generaba mucha tensión y estrés. A lo que una de ellas, específicamente Violeta Areinamo, seguidora fiel de este blog y madrina junto a Franklin Mendoza, de mi reciente obra “Novena en Honor al Cristo del Buen Viaje de Pampatar; me sugirió poner en practica mi capacidad de tolerancia y de esa manera sobrellevar la situación. Y efectivamente gracias a esa sugerencia pude darme cuenta que mi error, básicamente se centraba en la intolerancia.

La tolerancia es la capacidad que debemos tener para saber escuchar y aceptar a los demás tal como son, es respetar la libertad de las otras personas, lo que conlleva al respeto en su forma de pensar, de actuar; así como sus ideas y creencias ya sean sociales, políticas o religiosas. En otras palabras, no es mas que la aceptación de la diversidad, el mundo es bendecido gracias a la diversidad de sus habitantes, por lo que tenemos personas de diferentes credos, edad, género, color de piel y cada una de esas personas ponen de manifiesto diferentes talentos y habilidades. Debemos dar gracias a Dios por la diversidad en el mundo, por nuestra propia individualidad y por la individualidad de los demás.

Son muchas las cosas que nos pueden ayudar a tener el discernimiento para ser tolerantes, a los que puedo citar: la flexibilidad, la benevolencia, la bondad, la compasión, la paciencia, entre otras.

Cuando se es flexible se puede ser tierno, adaptable, centrado y capaz de aceptar que nadie es dueño de la verdad absoluta.

La benevolencia nos ayuda a minimizar esa frustración que a veces sentimos cuando reaccionamos de una manera inadecuada, a pesar que sabemos que teníamos la habilidad para actuar de una manera distinta. Es importante ser benevolente con nosotros mismos y con los demás, lo que a su vez nos exige tratar a todo el mundo con bondad y compasión.

Vale la pena reflexionar sobre lo que sentimos cuando los demás no son lo suficientemente bondadosos con nosotros o cuando pensamos que parece que nadie comprende lo que tratamos de expresar; solamente así entenderíamos la necesidad de ser bondadosos y de escuchar las ideas de los otros y de esa manera poder entenderlos.

La compasión es una manera de afecto, claro reflejo del amor de Dios. El expresar compasión nos permite eliminar ese deseo de tener el control total de las cosas; a ver las circunstancias que nos rodean con comprensión y sensibilidad, nos enseña a mirar a las otras personas con benignidad.

La paciencia nos ayuda a mantenernos calmados y serenos, a no desperdiciar nuestras energías tratando de controlar a los demás. Cuando nuestra paciencia la basamos en la comprensión espiritual, entonces vamos a saber en que momento debemos hablar y cuando callarnos, cuando actuar y cuando dejar que los demás actúen.

En fin, gracias Violeta, por ayudarme a retomar en mi vida diaria, el respeto y la aceptación a la diversidad en todas las personas y a ser receptivo a sus particularidades, tradiciones, costumbres, pensamientos y discernimientos. Todo ello en concordancia con la filosofía de vida que vengo procurándome en estos últimos años, donde me esfuerzo en que mis palabras y acciones sean un fiel reflejo de paz, armonía y sobre toda las cosas del amor de Dios en mi.