lunes, 21 de mayo de 2012

Los siete dones del Espíritu Santo


El Espíritu Santo, también llamado Espíritu de Dios, Espíritu de verdad; es una expresión bíblica mediante la cual se describe una realidad espiritual suprema; en muchos paisajes de la Biblia se hace referencia a esta realidad. La doctrina del Cristianismo Católico reconoce la divinidad del Espíritu Santo, manteniendo la unidad del principio divino. El día de Pentecostés, la iglesia Católica celebra la venida del Espíritu Santo, la cual tiene su origen en una antigua tradición del pueblo de Israel, denominada “Fiestas de las Semanas”  obedeciendo tal denominación al hecho que se celebra siete semanas siguientes a la primera ofrenda de la cebada y que posteriormente incluyó el recuerdo de la llegada al Sinaí. La devoción al Espíritu Santo es una de las más grandes e importantes entre todas las que puede practicar un cristiano, y eso se debe a que el Espíritu Santo es Dios, es el santificador; el que nos alumbra, guía, fortalece y vivifica.
Son siete los dones que se le atribuyen al Espíritu Santo: Temor a Dios, Piedad, Fortaleza, Conocimiento, Entendimiento, Consejo y Sabiduría.
Temor a Dios: Es un temor que se eleva al sentimiento de respeto y obediencia a Dios. Lo que hace que nuestro mayor temor en esta vida sea el de ofender a Dios. Es así, como debemos pedirle al Señor Jesucristo que nos conceda el Espíritu de Temor a Dios para llenarnos de reverencia hacia Él y nos aparte de las cosas que puedan causarle disgusto.
Piedad: El don de Piedad despierta en nuestros corazones el amor a Dios. También nos estimula a amar y respetar a las otras personas. Al ser piadosos, la religión no es una obligación, sino todo lo contrario un verdadero servicio dulce y amable.
Fortaleza: Este don nos permite fortalecer nuestra alma ante el miedo natural, a la vez que a desarrollar la capacidad de aguante y tolerancia ante las adversidades de la vida. Nos ayuda a realizar arduas tareas, enfrentarnos a situaciones de peligro y a soportar sin quejarnos, las molestias de cualquier tribulación. De tal manera que tenemos que pedirle a Dios que nos llene de ese Espíritu de Fortaleza para poder llevar nuestra cruz con fuerza y coraje.
Conocimiento: Aprendemos a través de este don a darle el verdadero valor a las cosas, producto de nuestra relación con Dios. Nos permite conocer el cuidado amoroso de nuestro Padre Celestial ante las adversidades y a glorificarlo en cada acontecimiento de la vida. Dios nos ilumina para saber darle prioridad a las cosas. En fin este don nos ayuda a conocer a Dios pero también a conocernos a nosotros mismos. Y a reconocer a Dios como nuestro fiel amigo sobre todas las cosas.
Entendimiento: La fe nos ayuda a entender el significado de las verdades de nuestra religión; mientras que el entendimiento nos enseña a aceptarlas y apreciarlas; permitiéndonos caminar los senderos de la vida siendo dignos de Dios, poniendo de manifiesto nuestra verdadera fe. El Espíritu de Entendimiento nos ayuda a iluminar nuestra mente con la luz de la divina verdad que viene de Dios.
Consejo: El don del Consejo llena el alma de prudencia lo que permite tomar decisiones con plenitud y veracidad. Este don nos ayuda a poner en práctica lo aprendido a través del Conocimiento y el Entendimiento, al enfrentarnos en las distintas circunstancias difíciles en nuestro día a día. El Consejo no es más que el sentido común hecho realidad. Si algo tenemos que agradecer a Dios, es que nos dote del Espíritu del Consejo para saber elegir el camino más seguro para llegar a él.
Sabiduría: Es el más perfecto de los dones, nos permite fortalecer nuestra fe, la esperanza y la caridad. A despreciar las cosas perecederas de este mundo y aferrarnos solo a las cosas que son eternas. La Sabiduría sirve para iluminar nuestra mente para saber discernir y apreciar las cosas de Dios y a sentir la divina dulzura de la cruz de Cristo, nuestro gran salvador. Recordando así, sus palabras: “Toma tu cruz y sígueme, porque mi yugo es dulce y mi carga ligera”  (Lucas 9:23) (Mateo 11:30)

 Oración al espíritu Santo
¡OH Espíritu Santo!, alma de mi alma, te adoro; ilumíname, guíame, fortifícame, consuélame, dime qué debo hacer, ordéname.

Concédeme someterme a todo lo que quieras de mí, y aceptar todo lo que permitas que me suceda. Hazme solamente conocer y cumplir tu voluntad. Amén

Fuente: Novena al Espíritu Santo        
                             

viernes, 4 de mayo de 2012

San Isidro Labrador


El 1° de mayo, celebramos el día internacional del trabajador, y el 15 de mayo la iglesia Católica celebra la festividad de un Santo, fiel representante de lo que significa un trabajador abnegado y que fue capaz de alternar sus actividades laborales con sus actividades religiosas. Se trata de San Isidro Labrador, considerado como el patrono de los agricultores y labradores.

Debido a su condición de huérfano, Isidro Labrador empezó a trabajar a la temprana edad de 10 años, su primer trabajo fue como peón en una finca, donde permaneció por muchos años labrando las tierras, sembrando y cosechando.

Tenía como costumbre asistir a la Santa misa antes de ir al trabajo y los domingos los dedicaba a escuchar la palabra de Dios, visitar a pobres y enfermos y en la tarde a pasear con su esposa y su hijo.

Son muchos los milagros que se le tribuyen a San Isidro Labrador; siendo el más significativo el del pozo de agua. En uno de sus paseos dominicales al campo con su esposa y su pequeño hijo; mientras ellos jugueteaban dejaron al niño en su cesta cerca de un pozo de agua, muy profundo. Un movimiento brusco del bebe hizo que cayera al fondo del pozo; al darse cuenta de lo ocurrido y ante la imposibilidad de rescatar al bebe, por la profundidad del pozo, deciden arrodillarse y empezar a orar con mucha fe, al tiempo que el agua del pozo empezó a subir, y con ella la cesta y el niño.

San Isidro muere el año 1130, estando consciente de su inevitable fallecimiento, una vez confesado sus pecados, hizo una última recomendación a sus familiares y amigos: amor a Dios y caridad con el prójimo. Transcurridos 43 años de su fallecimiento sus restos fueron sacados, encontrándose su cadáver incorrupto; hecho que fue considerado como un milagro.

Fue beatificado el 14 de junio de 1619 por el papa Paulo V; y canonizado el 12 de mayo de 1662, por el papa Gregorio XV. Ese mismo día fueron canonizados Santa Teresa de Jesús y San Ignacio de Loyola.

                              Oración a San Isidro Labrador
¡Oh Señor! Que te complaces en proteger y bendecir especialmente a los pobres y humildes, legándonos incluso a San Isidro Labrador, en calidad de ejemplar modelo de laboriosidad para con sus hermanos en Cristo. Te ruego, Señor, que escuches mis fervorosas plegarias a fin de que pueda imitarlo en su vida y virtudes y gozar eternamente todos juntos de los beneficios de la inagotable riqueza de la tierra fecunda y de la gloria eterna en tu reino celestial. Amén