domingo, 7 de noviembre de 2010

EMOCIONES POSITIVAS

Las emociones son fenómenos que nos permiten asumir una posición con respecto a nuestro entorno; y que en algún momento son un reflejo de nuestra forma de adaptarnos a ciertos y determinados estímulos, bien sea que provengan del ambiente o de nosotros mismos, manifestándose a través de una sonrisa, un llanto, una rabia, una agresividad, una alegría, un dolor.
Así tenemos, que podemos experimentar emociones positivas y negativas; de tal manera que si consideramos que una situación favorece nuestra supervivencia la emoción es positiva y la expresamos mediante una manifestación de deseo, alegría, satisfacción. Pero si consideramos que la situación no favorece nuestra supervivencia entonces estamos viviendo una emoción negativa, reflejándose con estados de tristezas, angustias, dolor. De allí que las emociones son consideradas como mecanismos que posee una persona, los cuales le permiten orientar su lucha por su supervivencia.
Ahora bien, tomando en consideración que las emociones positivas son las que nos pueden producir alegría y satisfacción, vamos a concentrarnos en ellas. Entendiendo entonces que las emociones positivas es toda aquella situación que nos motiva a seguir viviendo, convirtiéndose en la razón de vida de todos los seres humanos.
Las emociones positivas nos ayudan a ser más tolerantes antes las cosas malas que se nos pueden presentar en el vivir de cada día.
Debemos procurar las emociones positivas, ellas nos permiten mejorar nuestra calidad de vida y son muy beneficiosas para nuestra salud, especialmente, ante una enfermedad, puesto que nos ayudan a tolerar las dificultades a la vez que facilitan la recuperación de la misma.
Ante tal planteamiento, vale la pena preguntarse ¿Cómo lograr emociones positivas? Bien, es muy fácil, podemos lograrlas a través de nuestras relaciones personales, nuestros vínculos familiares y nuestro círculo de amistades, entre otras.
En cuanto a las relaciones personales, se puede afirmar que si queremos tener éxito en la vida es necesario que nos esforcemos en cultivar nuestras relaciones personales, lo cual también nos ayuda en nuestro crecimiento espiritual, puesto que las personas que conocemos nos ofrecen la oportunidad de regalarle nuestra espiritualidad.
Las relaciones personales serán buenas a medida que logremos una efectiva comunicación con los demás. No olvidemos que el hombre es un ser social por excelencia por lo tanto necesita relacionarse y la mejor manera de hacerlo es a través de la comunicación, por eso es considerado como uno de los procesos más importantes del ser humano. Unas buenas relaciones personales permiten que otras personas puedan apreciar tu talento, tus sentimientos y virtudes. Y si a eso le agregamos un poco de amor sin duda alguna que aumentaría nuestra capacidad de recibir mayor bien en nuestras vidas, siendo también una fuente de gozo.
En relación a los vínculos familiares, aún cuando el término familia pueda tener significados diferentes para las personas, no podemos olvidar que la familia es un elemento natural y fundamental de la sociedad.
Así tenemos, que un vínculo es la unión de una persona con otra, de tal manera que las relaciones familiares surgen de los diferentes vínculos, de acuerdo al parentesco, por lo que se habla de vínculos de alianza, de filiación y de consaguinidad. Sea cual sea su naturaleza lo importante es que estos vínculos dan origen a un comportamiento afectivo, basado en el amor, el cual a su vez va a producir acercamiento entre las personas y mayor tolerancia.
Y finalmente, el otro elemento importante para el logro de emociones positivas, lo constituye nuestro círculo de amistades; los cuales nos permiten poner en práctica nuestro genuino interés hacia los demás. Aún cuando cada uno de nosotros somos expresiones individuales de nuestras cualidades, los amigos enriquecen nuestras vidas con cosas tan sencillas como una conversación amena, una sonrisa, un apoyo en el momento justo. Y muchas veces podemos sentir, que a través de nuestros comentarios y sentimientos nos vemos reflejados unos con otros.
Quiero cerrar este artículo con la siguiente reflexión: “Si el tiempo o la distancia nos separan de un amigo, el pensamiento puede producirnos emociones positivas, porque al pensar en él evocamos recuerdos dulces poniendo una sonrisa en nuestro rostro, a la vez que aumenta nuestro aprecio por él”.