martes, 1 de noviembre de 2011

GOZO EN EL CORAZÓN




A través del corazón se imparte amor; así como el corazón es vital para vivir, el amor también lo es para el gozo de nuestra alma. Un corazón gozoso es algo maravilloso, nos alienta, deleita y nos llena de energía. Para sentir gozo en nuestros corazones tenemos que dejar que la divinidad interna supere a nuestro amor propio.
El gozo alegra el alma a la vez que fortalece nuestras relaciones personales puesto que nos hace sentir más afinidad con los demás.
La ansiedad y el estrés pueden ser superados a través del gozo, nos hace ver al mundo de manera distinta, apreciando y amando más a nuestra familia y a nuestros amigos, así como ayudándonos a tener una perspectiva positiva ante la vida, avivando pensamientos que nos llevan a desarrollar nuevas y provechosas actividades.
Hemos sido creados para vivir con júbilo y regocijo; por lo que somos alegres por naturaleza, sin embargo, nos aferramos a cosas insignificantes olvidándonos de descubrir esa fuente de gozo que brota de nuestro interior, que Dios nos ha regalado como un tesoro divino. Al sentir gozo en el alma limpiamos cualquier condición que pueda estar afectando nuestra salud y vitalidad.
Mi corazón está lleno de gozo, porque hoy día puedo decir con plena seguridad, que siento el gozo del amor de Dios; lo que me hace estar listo para el 23 de noviembre poder enfrentar cualquier cambio en mi futuro y es que ese día paso a formar parte de ese grupo de la población que llaman “Edad Adulta” o “Tercera Edad”. Este es el día que marcaré en mi calendario como el comienzo de una nueva etapa en mi vida, etapa en la que me liberaré de los lazos de las limitaciones, de las dudas y de los temores y en donde lucharé porque esta edad adulta esté llena de sabiduría y creatividad; procurándome una vida armoniosa, a través de la honestidad, la gratitud y el respeto a todo ser viviente, asumiendo mi edad y dándole paso a los más jóvenes para que continúen con el trabajo iniciado por nosotros los mayores. Y siempre reconociendo que Dios vive en mí.
Considero que es propicia la ocasión para mirar mi vida de manera retrospectiva y darme cuenta que son muy pocos los bienes materiales que he acumulado; no obstante si he atesorado una gran fortuna: mi familia y mis amigos, quienes me han colmado de amor, cariño, aprecio, apoyo y solidaridad cuando la he necesitado. Igualmente, el aprendizaje que me han dejado las experiencias buenas y malas vividas en mí transitar diario, también es parte de la fortuna acumulada. Con esta gran fortuna me siento la persona más rica de este planeta; lo material jamás superará a lo espiritual.
Así pues, ese día celebraré por la Vida que me ha tocado vivir y a la que agradezco a Dios por habérmela concedido.
Celebraré por la armonía y el amor de mi familia y de mis amigos.
Celebraré por el más grande regalo de Dios: mi hijo y mi nieto.
Celebraré perdonándome y perdonando a los demás.
Celebraré por el Dr. José Gregorio Hernández, la Virgen del Valle y el Cristo del Buen Viaje, por llenarme de fortaleza ante las adversidades de la vida, avivando en mí la fe y la esperanza.
Celebraré por mi médico tratante desde hace veintiún año, gracias a su sabiduría he podido sobrevivir con calidad de vida estos largos años, mi gratitud eterna Anselmo.
Celebraré recordando mis emociones positivas más intensas, que he vivido en estos sesenta años, y que representan la fuente de mi crecimiento espiritual.
Celebraré por mis oraciones diarias por mí y por los demás.
Celebraré por el amor que doy y recibo de mis mascotas.
Celebraré por ti amigo, por todo el afecto, cariño, comprensión y compañía que siempre me has brindado de manera incondicional, gracias Franklin.
Y celebraré la vida gritando con mucha alegría y regocijo en mi alma:



¡Que vivan los viejos!