viernes, 3 de agosto de 2018

LA TENTACIÓN


 
La tentación, puede definirse, como ese impulso interior, que mueve a una persona a llevar a cabo acciones indebidas y a su vez reprochables, las cuales atentan contra otras personas o contra sí misma.

Dentro de esas acciones podemos mencionar entre otras; el de emitir juicios indecorosos sobre otra persona, grupo de personas e instituciones; comprar objetos innecesarios, burlarse del fracaso de otra persona, ingerir alimentos estando consciente que atentan contra su salud; obligar a otros a cometer actos ilícitos. En fin son innumerables las situaciones que pueden inducir a una persona a caer en tentaciones.

Desde el punto de vista religioso, la tentación es considerada como la incitación a caer en pecado por parte de Satanás, quizás haciéndonos una invitación al mal. Sin embargo, no se puede decir que la tentación es un pecado, el pecado se da al caer en la tentación y llevarla a la práctica con nuestras acciones.
El mismo Jesús, no se salvó de ser tentado; cuando fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo; pero no llegó a pecar, precisamente por no ceder a la tentación tal como lo podemos leer en el Nuevo Testamento Mateo 4: 1-11.

Recordemos también, quizás unas de las tentaciones más antigua de la historia, la de Adán y Eva, al ser tentados por el demonio en forma de serpiente, y se comieron la manzana prohibida por Dios.
En fin, en este mundo moderno, no resulta fácil conducirnos en el camino correcto, en el deber ser, sobre todo cuando ese camino es duro y difícil de transitar; así, como tampoco es fácil conservar la tranquilidad y la serenidad antes las vicisitudes de la vida; lograr humildad plena de corazón cuando el orgullo nos tienta. Si estar en tentación, es una lucha permanente con un enemigo que quiere hacernos daños y si nos descuidamos destruirnos. Es una lucha para que nuestras acciones sean correctas, ajustadas a la razón y no al impulso, una lucha para alejarnos del odio, la venganza y de las cosas mundanas. Pero eso sí, nunca digamos que hemos sido tentado por Dios, si caemos en tentación es por voluntad  propia.
“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.” (Santiago 1: 13-14).

Por eso, mi consejo muy personal, es el de apoyarnos en la oración y a través de ella, tal como le pedimos a Dios al rezar el Padrenuestro, que no nos deje caer en tentación y que nos libre de todo mal y peligro. “Venid y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.”  (Mateo 26:44).

Y es que solo Dios, puede librarnos del pecado de caer en tentación: “Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos.” (2 Pedro 2:9).

Para Dios todo ser humano puede caer en la tentación, pero cuando vivimos en cristiandad, Él nos dará la fortaleza para resistir y no caer:
“No os ha sobrevenido ninguna tentación, que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentado más de lo que podéis resistir, sino que dará juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”  (1 Corintios 10:13).