martes, 2 de octubre de 2018

La Sabiduría


     
     La sabiduría, se puede definir, como la capacidad que posee una persona para conducirse y actuar con sensatez, prudencia y de manera asertiva. Capacidad que se logra a través, bien sea de estudios o por experiencias adquiridas; lo que hace a la persona poseedora de amplios y profundos conocimientos. De tal manera que la sabiduría permite a la persona actuar en su sano juicio, apegado a su conocimiento y su entendimiento.
     Según la Biblia, Dios es la fuente de toda sabiduría. “Toda sabiduría viene del Señor, y está con él por siempre. Ante todo fue creada la sabiduría, la inteligencia prudente desde la eternidad.” (Eclesiástico 1: 1,4).
     De tal manera, que la prudencia está íntimamente relacionada con la sabiduría. La prudencia, no es más que la capacidad que tenemos de pensar, ante ciertos eventos y acontecimientos antes de que sucedan. Y así, prevenir los riesgos y peligros que puedan ocasionar, lo que amerita un cambio en nuestro comportamiento.
     Para el catolicismo, la prudencia, significa saber discernir y poder distinguir lo bueno y lo malo, para conducirse consecuentemente. Se dice también que la prudencia es una virtud que hace que un individuo, actué de manera justa y equitativa, y con suma moderación. “Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo esto atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia." (Proverbios 2:12).
     Nuestra sabiduría no las da el Señor, porque de su boca brotan el saber y la prudencia. (Proverbios 2:6).
     Y la prudencia, nos hace sensatos y saber cuándo debemos callar: “Por eso el hombre sensato calla en esta hora, que es hora de infortunio.”  (Amós 5:13).
     La sabiduría no es una simple virtud técnica, es considerada como uno de los dones del Espíritu Santo, que a través de la inteligencia, nos permite juzgar y discurrir subordinados a la razón. Siendo considerada como el más perfecto de los dones del Espíritu Santo, puesto que es la sabiduría la que fortalece nuestra fe, fortifica la esperanza, perfecciona la caridad y promueve la práctica de la virtud en su más elevado grado.
     La sabiduría ilumina nuestra mente, para así poder discernir, apreciar y valorar todas las cosas emanadas de Dios; perdiendo los gozos terrenales su sabor, mientras que la cruz de Jesucristo, nos produce una divina dulzura, tal cual como nos los dice el Señor: “Toma tu cruz y sígueme, porque mi yugo es dulce y mi carga ligera.”
        La mayor riqueza que puede tener un ser humano, no es la riqueza material y económica; la mayor riqueza es la de la sabiduría:
“Acepta mi instrucción antes que plata, y el conocimiento ante que oro puro, pues la sabiduría vale más que las joyas y nada valioso se le puede comparar.” (Proverbios 8:10-11).
        La sabiduría es el mejor regalo que Dios nos ha dado y la inteligencia tu mejor compañía. Cuando se tiene sabiduría, se puede comprender que todas las cosas que suceden tienen su razón de ser. Contrariamente que al carecer de sabiduría se piensa que las cosas suceden por pura casualidad.
        

1 comentario:

  1. En el mes de febrero tu artículo se refería a "La Prudencia", en el cual señalabas que va de la mano con "La Sabiduría".
    En el artículo actual, confirmas e hilas muy bien "La Sabiduría" con "La Prudencia", no puedes tener una sola, cada una se complementa con la otra, lo observamos claramente en la coherencia de tus artículos.
    Ésta es una gran riqueza: La Sabiduría, porque representa actuar con sensatez, prudencia y de manera asertiva, tal cual lo mencionas en tu artículo.
    Pienso que nos estás llamando a no ser tan impulsivos, a detenernos y pensar en las consecuencias de lo que hacemos, como lo decías recientemente, ser responsable de nuestros actos. Ése es mi aprendizaje de esta lectura, que como comentaba en líneas anteriores, logras mantener la idea entre tus diferentes aportes y en pocas palabras invitarnos a actuar con inteligencia sin perder nuestro norte: Dios.
    Gracias por tus artículos, siempre nos animan y nos enriquecen.
    Cariños.
    Ede

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