miércoles, 1 de abril de 2015

Últimas palabras de Jesús en la cruz



El viernes Santo, es propicio, para reflexionar sobre las últimas palabras que más que palabras fueron frases, que pronunció Nuestro Señor Jesucristo, antes de morir crucificado y que la Iglesia Católica las reconoce como “Las Siete Palabras” las cuales son un reflejo del sufrimiento que padeció el Hijo de Dios en la cruz, para la salvación de nuestras almas.
“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que en él cree, no perezca, sino tenga vida eterna”. (Juan 3:16)
Siendo así, la mayor prueba de amor hacia la humanidad, que nos ha dado Dios, la vida de su hijo para la salvación nuestra.
Revisemos ahora esas siete palabras, las cuales podemos encontrar en la  Nueva Biblia de Jerusalén, en libros tales como: Lucas, Juan y Mateo.
Primera Palabra: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”
“Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre si sus vestidos, echando suertes”. (Lucas 23:34)
Segunda Palabra: “Yo te aseguro: Hoy estarás conmigo en el Paraíso”
“Jesús le dijo: Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso”. (Lucas 23:43)
Tercera Palabra: “Mujer; he ahí tu hijo. He ahí tu madre”
“Jesús viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa”.  (Juan 19:26,27)
Cuarta Palabra: Dios mío, Dios mío. ¿Por qué me has abandonado?”
“Y alrededor de la hora nona, clamó con fuerte voz Jesús ¡Elí, El!, ¡lemá Sabactani!, esto es: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”. (Mateo 27:46)
Quinta Palabra: “Tengo sed”
“Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido,  para que se cumpliera la Escritura dice: Tengo sed”. (Juan 19:28)
Sexta Palabra: “Todo está consumado”
“Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: Todo está cumplido. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu”. (Juan 19:30)
Séptima Palabra: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”
“Y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: Padre, en tus manos pongo mi espíritu. Y  dicho esto, expiró”. (Lucas 23:46)
Y estas fueron las últimas palabras de Nuestro Señor Jesucristo en la cruz, donde entregó su vida por la nuestra. Y vale la pena preguntarse:
 ¿Cuáles han sido nuestras acciones, para recompensar tanto amor?
¿Merecemos tanto sufrimiento y dolor, por parte de Jesús?
¿Qué puedo hacer para agradar al Señor?
Sin duda alguna tendríamos que empezar “amándonos unos a los otros, como Dios nos amó”.
“Queridos, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, Todo aquel que ama, ha nacido de Dios y conoce a Dios”. (1 Juan 4:7)
Practicar esta máxima evangélica, implica manejar, entre otras cosas: el respeto, el perdón, la empatía, la caridad, la humildad y la justicia.

jueves, 5 de marzo de 2015

JESÚS NAZARENO DE MEDINACELI



 
  La devoción al Cristo de Medinaceli, es una devoción popular en Madrid, en todas sus comunidades y muchas partes de España.  Un gran número de personas durante todo el año visitan la Basílica regida por los Padres Capuchinos, para contemplar y rezar al Cristo de Medinaceli. El 1° de septiembre de 1973, el papa Pablo VI elevó a Basílica Menor la iglesia de Nuestro Padre Jesús. La imagen fue tallada en Sevilla-España a mediados del siglo XVII y tiene una altura de 1,73 metros y su iconografía se corresponde a la de los Cristos denominados de la “Sentencia”. La imagen del Cristo de Medinaceli, representa el momento en que Pilatos se dirige al pueblo judío, diciéndole: “He aquí al Hombre”. El Cristo de Medinaceli es venerado todos los días viernes, considerado por la Iglesia como el día de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Los viernes Santo a partir de la siete de la tarde se realiza la gran procesión del Cristo de Medinaceli, recorriendo las principales calles de Madrid y con gran concurrencia de personas que expresan su devoción, agradecimiento y sacrificios. La procesión es organizada por la Cofradía Primaria Nacional de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno, la cual fue fundada en 1710, y a la que perteneció una gran parte de la nobleza española, miembros de la Casa Real y muy especialmente el Duque de Medinaceli, quien ostentó el título de Hermano Mayor. Hacia el año 1689, se erigió una capilla, en el convento de los Padres Trinitarios Descalzos, en donde estaba depositada la imagen del Cristo, la capilla fue una donación del Duque de Medinaceli.
El 18 de abril de 2014 (viernes Santo), estuve la gran oportunidad de asistir a la majestuosa procesión del Cristo de Medinaceli, promesa que había hecho en agradecimiento a favor recibido en la pronta recuperación y éxito de una intervención quirúrgica en febrero de 2014. Es casi indescriptible la emoción que sentí al contemplar su imagen y la multitud de personas que lo esperaban a su paso, específicamente en la calle de Alcalá de Madrid, lugar en donde estaba ubicado en compañía de Edi, Franklin y Leylanis quien  en agosto de 2014 nos llevó a Franklin y a mí  a  conocer al Cristo de Medinaceli y su Basílica.

Fuente: Fernández Domingo.  Historia del Cristo de Medinaceli. Editorial Everest, España, 1988


domingo, 1 de febrero de 2015

Las Virtudes de la Madre Candelaria de San José




La Madre Candelaria de San José, nació el 11 de agosto de 1863 en Altagracia de Orituco, estado Guárico, Venezuela. Fue fundadora de la Congregación de las hermanas Carmelitas de la Tercera Orden Regular de Venezuela. Muere el 31 de enero de 1940, pronunciando tres veces el nombre de Jesús, al cual entregó su alma. El 27 de abril de 2008 fue proclamada su beatificación a cargo del Cardenal José Saravia, prefecto de la Congregación por la causa de los santos. Ese mismo día se declaró el 1° de febrero como el día de su celebración.
Durante su vida religiosa fue ejemplo de su gran sensibilidad ante la desgracia ajena, poniendo de manifiesto sus grandes virtudes, tales como:
La Caridad: Para Madre Candelaria, cumplir con la voluntad de Dios era la primera condición del amor. Consideraba que a través de la caridad se ama a Dios y al prójimo.
La Humildad: Su caridad y su humildad hicieron de ella una persona excepcional, y es que su humildad fue un fiel reflejo de su actitud ante Dios y ante los demás. Trabajaba incansablemente para proteger a los pobres, a los que considerabas hijos de Dios.
La Esperanza: Su unión con Dios por la esperanza, la hizo sentir un desprendimiento total de las cosas terrenales. Su inminente esperanza, la cual contagiaba al prójimo, estaba basada en infinita bondad hacia los demás y  fidelidad al amor de Jesucristo.
La Fortaleza: Era poseedora de una gran firmeza y energía, lo que le daba la fortaleza necesaria para buscar el bien, sin ningún tipo de temor. Es así, como con decisión, firmeza, valor y constancia pudo ejecutar grandes obras sociales para gloria de Dios.
La Prudencia: Su proceder era siempre recto, procurando agradar a Dios y el bienestar de las almas. Ese siempre fue su objetivo de vida.
La Fe: La Madre María Candelaria era poseedora de una fe inquebrantable, dándole verdadero valor a las cosas de la vida y considerando a Dios como principio y fin último. Vivía para Dios y para los pobres, de allí, su vida santa y piadosa.
La Justicia: Durante toda su vida la Madre Candelaria puso en práctica el sentido de la justicia, cumpliendo con sus obligaciones para con Dios, el prójimo y para con ella misma.
La Templanza: Siempre supo canalizar y controlar correctamente el amor a Dios y al prójimo. Para ella, triunfar exigía siempre una cuota de sacrificio.
Y estas fueron las grandes virtudes que adornaron durante su vida a la Beata Candelaria de San José, quien desde muy joven se entregó a curar enfermos, a sembrar amor y a dar ejemplo de humildad, bondad y caridad hacia los demás. Ganándose el amor y el respeto de un pueblo que siempre reconoció su obra.
Fuente: Novena a la Beata Candelaria de San José
            Semanario Católico “La Iglesia Ahora” (abril, 2008)

martes, 13 de enero de 2015

El Verbo Encarnado



 
                                                                                                                                                                                                            
  El Verbo encarnado se refiere al misterio de la Encarnación, en donde  conocemos que la segunda persona de la Santísima Trinidad, específicamente, el Hijo, se encarnó y se hizo hombre en las entrañas de la Virgen María.
Aunque las tres divinas personas a las que llamamos Santísima Trinidad resultan inseparables “Dios es uno y Trino” “Padre, Hijo y Espíritu Santo”; no obstante, al Padre se le atribuye la Creación del Mundo, al Hijo la Redención de nuestros pecados y al Espíritu Santo la Santificación.
Es así, que cuando iniciamos el rezo del Credo decimos: “Creo en Dios Padre, Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo….”. Allí estamos reconociendo a las tres divinas persona: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Al hablar de la encarnación del Hijo de Dios, estamos diciendo que se hizo hombre, con cuerpo y alma como cualquier cristiano. Por lo que Cristo es Dios y hombre verdadero a la vez; con dos naturaleza la divina y la humana, que al unirse forman una sola persona a quien llamamos Jesucristo. Hay que reconocer que el Verbo divino no se unió a una persona humana, sino a una naturaleza humana.
Tenemos entonces, que en el libro de San Juan, capítulo1, versículo 1; encontramos: “En el principio era el verbo, y el verbo era con Dios, y el verbo era Dios”.
Y en el libro de San Lucas, capítulo 24, versículo 39, podemos leer: “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo”. Y es que Jesucristo es hombre desde el mismo momento que se encarnó en las entrañas de la Santísima Virgen María, uniendo de esta manera su naturaleza divina con la naturaleza humana, y este es, el misterio de la Encarnación.

Imagen:   www.rosasdegregorio.com