María significa
"señora", "princesa" o "doncella". De la unión de
estos dos nombres con profundas raíces históricas y religiosas surge el Dulce
María cuyo significado es "la mujer de corazón tierno, agradable y
amada por Dios".
Cada 12 de septiembre la Iglesia Católica
celebra la festividad en honor al Dulce Nombre de María, cuyo fin
no es otro que el de honrar el nombre de la madre de Jesús.
Para el Papa Benedicto XVI (2009)
“El Dulce Nombre de María, está totalmente unido a su Hijo, a Cristo, y… nos da
valentía para seguir adelante”, en un mundo que anda sumido “en las tinieblas y
en los sufrimientos”. En ese mundo, el nombre de María nos mueve a la
contemplación del “rostro de la Madre”.
De acuerdo a la historia El
Dulce Nombre de María Comenzó a celebrarse en España en el año 1513 en
la ciudad de Cuenca. Luego a nivel mundial el Papa Inocencio XI la hizo oficial
para toda la Iglesia Católica en 1683.
También se dice que el origen del
Dulce Nombre de María tiene como marco de referencial los cuatro días después
del nacimiento de la Virgen, en el cual sus padres le pusieron el nombre.
La oración propuesta por San
Alfonso María de Ligorio, gran doctor de la Iglesia y propagador de la devoción
a la Madre de Dios. Es una oración en la que se invoca el Nombre de María para
su fidelidad durante la vida y para el momento de la muerte.
¡Madre de
Dios y Madre mía María! Yo no soy digno de pronunciar tu nombre; pero tú que
deseas y quieres mi salvación, me has de otorgar, aunque mi lengua no es pura,
que pueda llamar en mi socorro tu santo y poderoso nombre, que es ayuda en la
vida y salvación al morir.
¡Dulce
Madre, María! haz que tu nombre, de hoy en adelante, sea la respiración de mi
vida. No tardes, Señora, en auxiliarme cada vez que te llame. Pues en cada
tentación que me combata, y en cualquier necesidad que experimente, quiero
llamarte sin cesar; ¡María!
Así espero
hacerlo en la vida, y así, sobre todo, en la última hora, para alabar, siempre
en el cielo tu nombre amado: “¡Oh cruentísima, oh piadosa, oh dulce Virgen
María!” ¡Qué aliento, dulzura y confianza, qué ternura siento con sólo
nombrarte y pensar en ti!
Doy gracias
a nuestro Señor y Dios, que nos ha dado para nuestro bien, este nombre tan
dulce, tan amable y poderoso. Señora, no me contento con sólo pronunciar tu
nombre; quiero que tu amor me recuerde que debo llamarte a cada instante; y que
pueda exclamar con san Anselmo: “¡Oh nombre de la Madre de Dios, tú eres el
amor mío!”
Amada María
y amado Jesús mío, que vivan siempre en mi corazón y en el de todos, vuestros
nombres salvadores. Que se olvide mi mente de cualquier otro nombre, para
acordarme sólo y siempre, de invocar vuestros nombres adorados.
Jesús,
Redentor mío, y Madre mía María, cuando llegue la hora de dejar esta vida,
concédeme entonces la gracia de deciros: “Os amo, Jesús y María; Jesús y María,
os doy el corazón y el alma mía”.
Esta
oración y su invocación al Nombre de María es propuesta por San Alfonso María
de Ligorio, en su libro titulado “Las Glorias de María” en donde habla
de algunos rasgos del Nombre de la Santísima Virgen. Y en unos de sus capítulos
narra cómo una joven se libró del demonio gracias al Nombre de María. De allí
que hace referencia a la vida y a la muerte.
En el
marco de la festividad del 12 de septiembre las meditaciones y reflexiones
pueden estar enfocadas a temas como:
1.
Una Madre cercana, a la que llamamos por su nombre.
2.
Esperanza en medios de las dificultades.
3.
María nos conduce a Jesús.
Fuente:
https://es.wikipedia.org/wiki/Dulce_Nombre_de_la_Virgen_Mar%C3%ADa
https://opusdei.org/es-ve/meditation/meditaciones-dulce-nombre-de-maria/