domingo, 7 de enero de 2018

GRATITUD



 Recién hemos recibido un nuevo año con la esperanza de que sea un año de bien, paz, prosperidad. Que podamos superar todas las dificultades presentes; que Dios nos ayude a transformar nuestras penas en alegrías, que la tristeza y el desaliento no se apoderen de nosotros.
       Y una de la mejor manera de empezar este nuevo año es a través de la gratitud, que no es más que ese sentimiento de reconocimiento y de aprecio, que una persona pone de manifiesto cuando quiere corresponder a otra persona, grupo, institución, un favor o un servicio recibido. Por lo tanto, la gratitud es un sentimiento que lleva implícito lo que se conoce como agradecimiento. Del mismo modo, para ser agradecido, hay que ser humilde, al aceptar y reconocer que necesitamos de los demás. Cuando agradecemos también bendecimos.
       Es propio de un buen cristiano, vivir en gratitud y agradecimiento. A través de la oración, más allá de una súplica, conlleva a un agradecimiento a Dios. “Sed perseverantes en la oración, velando en ella con acción de gracias.” (Colosenses 4:2).
       En nuestro viaje por la vida, cada día del camino, hay que dar gracias a Dios, por lo que hizo en el trayecto recorrido, por lo que está haciendo en el camino presente y por lo que va hacer en nuestros próximos recorridos en el camino por la vida. Este viaje es posible gracias a la bendición de Dios. “Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios el Dios de nuestra salvación.” (Salmo 68:19).
       Muchas son las cosas por la que se debe sentir gratitud, evitando el concentrarnos en las cosas que no tenemos más bien pensar en la que tenemos, tales como: la vida, la salud, la familia, los amigos, los alimentos.
       El mejor regalo que nos ha dado Dios es la vida; y que nos las ha dado, no para sufrirla sino para vivirla. En cada amanecer Dios nos dice: “Ahí tienes un nuevo día de vida, vívela.” Solo nos queda darle gracias a Dios por esa vida.  “Creo que gozaré de la bondad de Yahvé en el país de la vida.” (Salmo 27:13).
       Para disfrutar la vida, es importante gozar de buena salud, que de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, “es el estado de completo bienestar físico, mental y emocional.” Es por ello, que debemos pedir en nuestras oraciones a Dios, que llene de salud nuestro cuerpo y nuestra alma; y darle gracias en todo momento por permitirnos transitar por los caminos de la vida con buena salud. “Querido, pido en mi oración que te vaya bien en todo y que tu salud física sea tan buena como la espiritual.” (3 Juan 2).
       Dios nunca nos abandona, siempre está al cuidado de sus servidores. “He aquí que yo les aporto su alivio y su medicina. Los curaré y les descubriré una corona de paz y seguridad.” (Jeremía 33:6). 
       Santuario de la vida es la familia, siendo los padres las columnas de ese templo, y sus bases consolidadas en la fidelidad a Dios; conformado por un grupo de personas cuya obligación es la de estar al servicio de la vida.
       La familia que hace oración, nunca les faltará la asistencia amorosa de Dios. “Sácianos de tu amor por la mañana, y gozaremos y cantaremos de por vida.” (Salmo 90:14). Por eso hay que dar gracias a Dios por nuestra familia. “Doy gracias a Dios sin cesar por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha sido otorgada en Cristo Jesús.” (1 Corintios 1:4).
       En este viaje por la vida, además de hacerlo cerca de Dios, nos encontramos con personas con las que compartimos y nos llegan unir verdaderos lazos de amistad: nuestros amigos; lazos de amistad que pueden traspasar los límites de amistad y convertirse en lazos de hermandad. “Hay compañeros que se pelean, y amigos más unidos que hermanos.” (Proverbio 18:24).
Por eso, nuestros amigos son motivos de nuestro agradecimiento a Dios por contar con ellos en nuestro caminar por la vida. Y el mejor regalo es bendecirlos siempre. “Que Yahvé te bendiga y te guarde; que ilumine su rostro sobre ti y te sea propicio; que te muestre su rostro y te conceda la paz.” (Números 6:24-25).
       Es frecuente escuchar a un cristiano, al sentarse a la mesa decir: “Bendícenos Señor y bendice estos alimentos que gracias a tu bondad vamos a tomar. Amén. El Rey de la gloria nos haga participes de la mesa celestial. Amén.” Esto no es más que una señal de gratitud por los alimentos. “Den gracias a Yahvé por su amor, por sus prodigios en favor de los hombre. Pues calmó la garganta sedienta, y a los hambrientos colmó de bienes.” (Salmos 107: 8-9).
       Para que nuestro viaje por la vida, sea de cerca de Dios, debemos practicar con verdadera humildad la gratitud y muy especialmente dar gracias a Dios por todo. “Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios.” (1 Corintios 10:31).

“En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús quiere de vosotros.” (1 Tesalonicenses 5:18).




sábado, 9 de diciembre de 2017

Las madrinas



Al titular el presente artículo “Las madrinas”, me estoy refiriendo a mis grandes amigas Edelmira Cabrera y Carina Heeger, quienes me hicieron el honor de ser las madrinas, de mi más reciente obra “Luz en mi camino”; la cual fue bautizada y presentada en la ciudad de Madrid, el pasado 25 de noviembre.
Además ellas se encargaron de escribir el prólogo y la contraportada del libro. Que hoy quiero compartir con ustedes:
Prólogo
En 1989 conocí a Fernando. A partir de ese momento y sin mayores relaciones entre nosotros mostró fuertes valores de solidaridad y lealtad.  Hoy, veintiocho años más tarde, ni nuestras discrepancias, tiempo ni distancias han podido romper esos lazos de amistad y respeto que día a día se siguen consolidando.
He podido ver sus primeras prácticas de escritura, desarrolló una guía metodológica para realizar trabajos de investigación y tesis de grado, libro presentado en dos ediciones, cuando ejercía profesionalmente. ¿Quién iba a imaginar que este académico, una vez jubilado, aprovecharía su experiencia como escritor para dedicarse al estudio hagiográfico? Ha forjado un trabajo de cinco obras de estudios espirituales, en diferentes ediciones. Por si fuera poco, mensualmente nos regala, a través de su blog personal, un artículo de reflexión que nos invita a interactuar y plasmar nuestras opiniones.
En esta oportunidad, nos ofrece un trabajo también espiritual, pero más personal y propio, que evidencia una práctica con la vida celestial y la luz en su camino. Por sus estudios diarios de la palabra de Dios, sus actividades como maestro de Reiki para ayudar en la sanación mediante la imposición de mano y por su constante interés en crecer y cultivarse espiritualmente, considero que esta obra aumenta la credibilidad de sus palabras. Se esmera en aprender y compartir su crecimiento. Su esfuerzo y dedicación se encuentran claramente reflejados en este hermoso trabajo.
Edelmira Cabrera
Contraportada
Y dijo Jesús…
“Yo Soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8, 12-20)
Pero, ¿Cómo recibir la luz?....
Fernando nos regala un pedacito de luz.
Producto de su estudio y crecimiento interno, nos ofrece un compendio de reflexiones sencillas que nos retan a reconstruir nuestro mundo interior y a nosotros mismos.
Reflexiones, que nos orientan a salir de la oscuridad espiritual para entrar en la luz de la verdad y llenarnos de amor, gozo y bondad.
Es un libro que invita a la meditación diaria y está dirigido a aquellas personas cuyo espíritu esté dispuesto y deseoso de cambiar; aligerando cargas emocionales y alimentando el alma.

Fernando Castro Márquez, profesor jubilado y autor de publicaciones orientadas al crecimiento espiritual a través de la oración y el amor.
          Carina Heeger

Presentación
        
Correspondió a mi amiga Leylanis Gamboa hacer la presentación del libro, presentación que igualmente les comparto:

En Luz en mi Camino, su autor ofrece un conjunto de reflexiones o directrices sobre cómo emprender la senda de la vida y asumirla con plenitud, a partir del autor reconocimiento de nuestra esencia lumínica como creaciones de Dios y del papel activo que hemos de jugar no sólo en nuestro propio ejercicio de vivir y evolución espiritual sino como apoyo en la senda de nuestros semejantes. Así, partiendo de una filosofía particular de vida, que nace de su propia experiencia vital y de sus lecturas diarias de la Biblia, el autor pone a la disposición del lector una serie de reflexiones o pequeñas máximas, las que le han servido a sí mismo para asumir plenamente la vida y fomentar su desarrollo espiritual, con la idea de que puedan ser de utilidad para recorrer su propio camino a todo aquel que se abra a ellas.

        Esta otra en su sencillez tiene el inmenso valor y grandeza de mostrarnos que, como creaciones de Dios que somos y, por lo tanto, seres de luz, nuestro rol, tanto en nuestra propia vida como en toda la realidad circundante, de la que forman parte esencial el resto de seres humanos, ha de ser activo y no pasivo, crítico y reflexivo, rememorando constantemente nuestra naturaleza lumínica y divina, teniendo siempre presente que, independientemente de las circunstancias externas, la luz de Dios siempre está ahí para iluminar cualquier oscuridad temporal y yace en nuestro propio ser para envolvernos e irradiarnos siempre que lo necesitemos o permitamos.  Pero, como hijos de Dios, no debemos permitir que esa luz se quede encerrada en nosotros; estamos obligados a irradiar nuestra luz, a dejar que inunde todo nuestro entorno circundante. La fuente de nuestro ser, que se nutre de esa luz prístina, no puede extinguirse o agotarse, pero sólo puede alcanzar su máxima plenitud en nuestra interacción con el mundo circundante, con el que formamos una unidad.
        Se necesita mucha valentía, grandeza de alma, vocación de servicio y amor para vivir con esa conciencia, para convertirla en propósito y directriz de vida e, indudablemente, Fernando la tiene. Todos los que hemos tenido el honor de conocerlo y de compartir su amistad, no podemos dejar de rememorar con esta obra la hermosa, profunda y sencilla súplica del devoto al que San Francisco de Asís confiere voz en su ruego vital por convertirse en instrumento de la paz Dios:
 “Señor, conviérteme en un instrumento de tu paz.
Donde haya odio, permíteme sembrar amor;
donde haya herida, perdón;
donde haya duda, fe;
donde haya desesperación, esperanza;
donde haya oscuridad, luz;
y donde haya tristeza, dicha.
Oh, divino maestro, otórgame
no tanto buscar el consuelo, como consolar;
ser comprendido como comprender;
ser amado como amar;
porque cuando damos recibimos;
cuando perdonamos somos perdonados;
y cuando morimos nacemos a la luz eterna.”

Oración de San Francisco de Asís

Ciertamente, esas palabras se llenan de actualidad con las reflexiones o pequeñas máximas de vida que nos ofrece Luz en mi Camino.
                                                                                                                    Leylanis Gamboa

lunes, 27 de noviembre de 2017

LUZ EN MI CAMINO



El pasado sábado 25 de noviembre, en la ciudad de Madrid, en una ceremonia privada y sencilla, organizada por Edelmira Cabrera y Carina Heeger  madrinas de la obra y con el apoyo de Leylanis Gamboa, fue presentado y bautizado mi nuevo libro “Luz en mi Camino”.
Dentro del grupo de invitados, se encontraba José Rivas, quien gentilmente me envió su opinión y apreciación del libro, y que hoy, además de agradecer a José, el mismo, quiero compartirlo con ustedes:

Luz en mi Camino
Luz en mi camino es un libro escrito por alguien que un día en su transitar por este mundo vio la luz cuando la oscuridad vestía su cuerpo y abrazaba su mente. Él está encontrando y transitando con fe y contagiosa alegría el camino, estrecho, empinado y reconfortarle que lo lleve a su creador.
Luz y Camino, dos palabras místicas que caminan por si solas pero cuando se encuentran producen chispas luminosas que traen respuestas a muchas de nuestras preguntas trascendentales en la búsqueda de la paz interior.
La luz, esa energía que da claridad y vida a todas las cosas y hace que tus ojos brillen y tu corazón palpite. En ausencia de la luz ni las sombras existen. Aquel que ha visto la luz en las tinieblas sabe lo que significa la luz. El que va en busca de la luz siempre encontrara su fotosíntesis.
El Camino, es la ruta hacia lo más espiritual de cada ser humano. Es el mapa de nuestra realización plena; cuando el camino es mostrado por la luz del creador se convierte en la verdad y la vida
Hubo años en que la oscuridad.
Habitaba en nidos en mi mente.
Abrazaba todo mi cuerpo.
Hasta que una tarde decidí buscarte.
Tropecé con un haz de luz azul.
Intenso como el cielo desanublado.
Y pude ver tu rostro y el camino.
Mi fe despertó de su letargo.
Mi optimismo salto de alegría,
Contagiando toda palabra.
Empecé a recorrer la inclinada vía.
Disfrutando cada palmo del viaje.
Sorprendido descubrí que en el camino.
Estaba la verdad y la vida.
Al encontrarlo, me encontré yo mismo.

Amigo lector espero que los fotones que dibujan las palabras escritas en “La Luz en mi Camino”. Alumbren tus pensamientos y abran las puertas de tu corazón. Para que puedas encontrar la luz, y el camino. Al encontrarlas, te habrás encontrado contigo mismo. Abre ese corazón a la luz antes que el Dr. lo haga por ti….
José G. Rivas

lunes, 6 de noviembre de 2017

LA PACIENCIA



 
“Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios; y a la paciencia de Cristo.” (2 Tesalonicenses 3:5)

        La paciencia, probablemente sea una de las virtudes más olvidada por los hombres; ya que la misma implica tener la capacidad de saber esperar.

        Dios ha diseñado un plan divino para nuestro crecimiento y desarrollo; si mantenemos nuestra fe en Dios, y confiamos en su plan divino, a través de nuestras oraciones, podemos liberar cualquier sentimiento de impaciencia y desaliento.

        En nuestro viaje por la vida, es natural que nos esforcemos por lograr nuestras mejoras y nuestro crecimiento; si buscamos a Dios, encontraremos la fortaleza para seguir adelante con paciencia y sin desespero.

        Se hace necesario, que aprendamos a llenarnos de paciencia a la hora de enfrentar las dificultades que se nos presentan en nuestro día a día. Y saber esperar por la ayuda misericordiosa de Dios, para el alivio de nuestras preocupaciones. “Mirad como proclamamos felices a los que sufrieron con paciencia. Habéis oído la paciencia de Job y sabéis el final que el Señor le dio porque el Señor es compasivo y misericordioso.” (Santiago 5:11)

        Job, fue un patriarca de conducta intachable, que vivió y disfruto de una gran prosperidad al lado de su numerosa familia. Pero, por circunstancias de la vida le sobrevino la desgracia, perdiendo todo sus bienes, sus hijos y padecer una grave enfermedad. No obstante nunca perdió su fe y mantuvo viva su fidelidad al Señor, dando prueba de una insuperable paciencia. “Y dijo: Desnudo salí del seno materno y desnudo volveré a él. Y Yahvé me lo ha dado y Yahvé me lo ha quitado. Bendito sea el nombre de Yahvé. A pesar de todo, Job no pecó ni imputó nada indigno a Dios.” (Job 1: 21-22). Al final Job, recuperó todo lo que había perdido, gracias a la misericordia de Dios. “Rogará a Dios, y le otorgará su favor, contemplará con alegría el Rostro del que devuelve al hombre su integridad.” (Job 33:26)

        La respuesta a nuestras oraciones puede producirse de manera inmediata o por lo contrario pueden tardar un tiempo en llegar; la paciencia, nos anima a mantener nuestra fe en la contestación a nuestra oración. Al tiempo que debemos confiar en que Dios siempre está a nuestro lado y dispuesto a escucharnos. De tal manera, que lo mejor sería aprovechar este momento de espera para fortalecer nuestra fe y estar en unidad con Dios. Nuestro viaje por la vida, es un viaje de fe y Dios es nuestro compañero inseparable.  “Pero si esperamos lo que no vemos, aguardamos con paciencia.” (Romanos 8:25)