martes, 3 de noviembre de 2015

Los Caminos de la Virgen



 
Fueron varios los caminos que recorrió la Virgen María, desde la concepción de su Hijo primogénito, por obra y gracia del Espíritu Santo hasta su muerte y resurrección. Seguidamente, vamos a recorrer esos caminos a través de las Sagradas Escrituras. 
Camino a casa de su prima Isabel
“Dijo María: . Y el ángel, dejándola. Se fue”. (Lucas 1:38)
“En aquellos días, se puso en camino María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, Isabel quedó llena de Espíritu Santo y exclamó a gritos: ”. (Lucas 1: 39-42)
Camino de Belén
“Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llamaba Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba en cinta. Mientras estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el albergue”. (Lucas 2: 4-7)
Camino al Exilio
“Cuando ellos se retiraron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo
Camino a Jerusalén en busca del niño perdido
“Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió los doce años, subieron como de costumbre a la fiesta. Al volverse ellos pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero, al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Al cabo de tres días le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas”. (Lucas 3: 41-46)
Camino de la Amargura
“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María mujer de Clopás y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: Luego dice al discípulo: Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. (Juan 19:25-27)
Camino a la Resurrección
Pasado el día sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé, se disponían a embalsamar a Jesús, por lo que compraron aromas y muy de madrugada, el primer día de la semana justo a la salida del sol, se dirigen al sepulcro. En el camino se decían unas a otras: “¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro?”, y en eso levantan su mirada y se dan cuenta de que la piedra ya había sido retirada a pesar de sus grandes dimensiones. Al entrar vieron a un joven vestido con una túnica blanca, sentado al lado derecho del sepulcro; al verlas tan asustadas, el joven les dice: “No asustéis, ¿buscáis a Jesús de Nazaret, el crucificado?; ha resucitado, no está aquí, ved el lugar donde le pusieron. Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro, que irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo”. (Marcos 16: 1-7)
Camino a Pentecostés
“Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos. Y una nube le ocultó a sus ojos. Como ellos estuvieron mirando fijamente al cielo mientras él se iba, se les presentaron de pronto dos hombres vestidos de blanco que les dijeron:   (Hechos  1: 9-14)
Camino al Cielo
La Asunción de María, no está en la biblia. Es un dogma que se formula así: “La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo." (Constitución Munificentisimus Deus). María es llevada al cielo por el Señor.
Tenemos entonces frente a nosotros la promesa de la Resurrección. Ya Dios había salvado a María, no quedaba sino que al final de su vida resucitara inmediatamente. "La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos" (Catecismo, n. 966).
En Santo Rosario, en los Misterios Gloriosos, el cuarto misterio se refiere a la Asunción de la Virgen María al cielo y el quinto a la Coronación de la Virgen María.
“Se ha dormido la Madre de Dios.-Están alrededor de su lecho los doce Apóstoles.-Matías sustituyó a Judas”. (San Josemaría Escrivá de Balaguer)
“El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo la coronan como Emperatriz que es del Universo”. (San Josemaría Escrivá de Balaguer)
Hemos podido apreciar que los caminos recorridos por la Virgen María, unos fueron de gozo y otros de dolor y sufrimiento. Pero al final recibió su recompensa al ser elevada al cielo por su Hijo y coronada por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y esa es la esperanza que debemos tener ante los caminos dificultosos de nuestras vidas, que al final encontraremos esa luz que iluminará nuestro camino, para nuestro gozo y satisfacción.

Fuentes:
Nueva Biblia de Jerusalén (1999). Editorial Desclée De Brouwer. Bilbao-España.
James Socias (2005) Oraciones y Devociones. Editorial Midwest Theological Forum. Belgium.
 


sábado, 3 de octubre de 2015

Levitaciones de San José de Cupertino



San José de Cupertino, fue un fraile franciscano, nació en el año 1603, en Cupertino-Italia. Descendiente de una familia muy pobre, por lo que creció debilucho y muy distraído.
En 1620, solicitó su admisión en los franciscanos, no siendo admitido; sin embargo, los padres Capuchinos, lo aceptaron, pero al poco tiempo de su ingreso, fue expulsado por ser exageradamente distraído.
En 1625, fue admitido como religioso franciscano, ordenándose sacerdote en el año 1628, dedicando su vida a ganar almas a través de la oración y la penitencia.
Murió el 18 de septiembre de 1663, fue beatificado el 24 de febrero de 1753 por el papa Benedicto XIV y el 16 de julio de 1767 el papa Clemente XIII declara su canonización. Su festividad se celebra el 18 de septiembre y fue nombrado patrono de los aviadores, astronautas y de los estudiantes.
Ahora bien, la levitación, es un fenómeno mediante el cual un cuerpo humano puede elevarse por el aire, sin la presencia de fuerza física alguna. El Fraile José de Cupertino, poseedor de este extraordinario don, se hizo famoso por sus numerosas levitaciones, a las que él llamaba “ataques de mareo”. Siendo la primera de ellas, el 4 de octubre de 1630, cuando presidía la procesión de San Francisco de Asís, entrando al templo del convento, se elevó hasta la altura del pulpito, permaneciendo en el aire inmóvil por un largo tiempo.
El día del Buen Pastor, Fray José encuentra en su camino a un corderito, se lo echó al hombro y acto seguido estuvo una nueva levitación.
Sin embargo, su levitación más renombrada, fue cuando diez obreros querían trasladar una pesada cruz a una montaña, sin poder lograrlo, en ese momento el Fraile toma la cruz en sus manos, se eleva por los aires y coloca en lo alto de la montaña la pesada cruz.
Otra de su levitación, muy conocida, fue la que realizó cuando vio un cuadro de la Virgen situado en lo más alto de una edificación a la que recién entraba, se fue elevando por el aire, hasta quedar justo al frente del rostro de la Virgen. Esta levitación fue presenciada por el embajador de España y su esposa, quienes habían solicitado hablar con Fray José para hacerle una consulta espiritual.
El Fraile José, pasó los últimos años de su vida en Osimo, Italia. Un día en presencia de sus hermanos franciscanos, se elevó hasta una estatua de la Virgen María, cuyas medidas alcanzaban los tres metros y medio de altura, al elevarse le dio un beso al niño que sostenía en sus brazos la Virgen, permaneciendo un rato rezando.
En el año 1663, faltando un mes para su fallecimiento, le correspondió celebrar la misa en honor al día de la Asunción de la Virgen y en plena celebración se eleva por el aire como si estuviera con Dios en el cielo, muchos feligreses fueron testigo de esta levitación; siendo quizás su última levitación y una señal de que su alma pronto se elevaría al cielo.



Fuentes de referencia:

Imagen:
www.evangeliodeldia.org
  

miércoles, 9 de septiembre de 2015

El Señor de los Milagros



   Su fiesta se celebra el 14 de septiembre en la localidad de Buga, Colombia.
Cuenta la historia, que por el año 1580 una anciana indígena se dedicaba a  lavar ropa en el río Buga, con cuyo oficio estaba ahorrando para comprarse una imagen del Santo Cristo; cuando logró reunir el dinero (70 reales) y se dirigía a llevárselo al párroco del caserío para que le consiguiera la imagen deseada; se cruza en su camino un padre de familia sollozando porque sería encarcelado por una deuda pendiente (70 reales); conmovida ante la situación, la anciana decide entregarle los 70 reales al hombre y posponer la compra de la imagen del Santo Cristo.
A los pocos días, estando la indígena lavando ropa como de costumbre en el río, una ola puso delante de ella un pequeño Crucifijo de madera, lo cual la lleno de gozo, llevándoselo para su humilde choza y en donde preparó un pequeño altar para colocar tan preciado crucifijo. Con el transcurrir del tiempo el mismo empezó a aumentar de tamaño, lo cual conmovió a los pobladores quienes se acercaban a tocar el crucifijo, y de tanto tocarlo lo fueron deformando, al punto, que por mandato de un visitador de Popayán el crucifijo fue quemado.
Pero un nuevo acontecimiento sorprende a los pobladores, y es que la imagen del crucifijo, al ser echado al fuego, empezó a sudar copiosamente durante dos días; el sudor resultó ser sanador, milagro que pudo ser comprobado. Luego de ese sudor, la sagrada imagen se volvió más hermosa. Este milagro hizo que la gente empezara a sentir gran devoción a esta santa imagen, considerándola como milagrosa.
Así pues,  la humilde choza de la indiecita lavandera se convirtió en un sitio de oración y peregrinación. Debido a los muchos milagros que siguieron registrándose, la gente le dio por nombre a esta santa imagen El Señor de los Milagros” nombre con el cual se le conoce desde hace varios siglos.

Oración al Señor de los Milagros
        ¡Señor de los Milagros! Te doy gracias porque a una indiecita, en los comienzos de nuestra historia latinoamericana, la hiciste instrumento de tus maravillas. Aquella mujer nos recordó que más importaba la libertad de un hombre que la posesión de una imagen. Suscita en mí el recuerdo de esta lección evangélica, siempre que me postre ante Ti, Señor de los Milagros, para pedirte un favor o agradecerte un beneficio.
        Acrecienta mi fe en tu presencia que se manifiesta de diversos modos, ya te adore en la Eucaristía, ya te considere en tu Evangelio, o cuando me postre ante tu Cruz, o te vea en mis hermanos, especialmente en los que más sufren y en los que más luchan por el logro de sus aspiraciones hacia una vida más digna del hombre.
        Bendíceme, misericordioso  e inspírame deseos sinceros de una vida más cristiana y más entregada al servicio de mis hermanos. Amén



Fuentes: -Julián (obispo de Buga). Señor de los Milagros. Colombia: pp. Redentoristas
              -Novena al Señor de los Milagros
Imagen: www.ecured.cu