lunes, 1 de junio de 2020

Los Caminos de mi vida



 
Inspirado en mi filosofía de vida y en mis lecturas diarias de la biblia, a través de la cual mi fe y crecimiento espiritual se han visto fortalecidos. He podido sentir la presencia de Dios mediante su luz, que es mi alimento diario y fuente de conocimiento y sabiduría. Todo ello ha servido para iluminar mi camino en la vida, llenarme de energía y aclarar mi mente y mi entendimiento; ayudándome a conducirme de manera segura, serena y en perfecta armonía con Dios y con el Universo. Y a plantearme ciertas reflexiones para transitar los caminos de mi vida. Cari Heeger una de las madrinas del libro “Luz en mi camino” en la contraportada del mismo, al referirse a estas reflexiones escribió: Son reflexiones sencillas que nos retan a reconstruir nuestro mundo interior, que nos orientan a salir de la oscuridad espiritual para entrar en la luz de la verdad y llenarnos de amor, gozo y bondad.”. Es por ello que me he motivado a compartir algunas de esas reflexiones con ustedes, por tratarse de un libro cuyo tiraje fue muy limitado y muchos no pudieron adquirirlo.
Reflexiones
Todos los que amamos a Dios transitamos por caminos del bien, la prosperidad no se hace esperar, pero cuando amamos a Dios, también debemos amar a nuestros semejantes.
Al dar amor a quien lo necesite, nuestra vida se iluminará con la luz del amor; brillará como ese mediodía cuando el sol brilla en todo su esplendor. Siempre debemos estar dispuestos a saciar la sed de amor y consuelo al afligido. 
“Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros, así como yo os he amado.” (Juan 15:12)
Para Dios nada es imposible, por eso nuestra fe en él cada día debe ser mayor y caminar con seguridad y valentía, confiados de que Dios va a nuestro lado, para guiarnos por el camino del bien y haciendo que lo imposible se haga posible.
“Porque no hay nada imposible para Dios.” (Lucas 1:37)
Dios puede iluminar nuestra vida de tal manera que nuestras penas se conviertan en alegría, las dudas en momentos de reflexión y las dificultades en motivos de crecimiento interior.
Así como después de la noche viene la luz del día, tengamos la seguridad que cuando en nuestro camino no vemos claridad, Dios nos mostrará esa luz divina que viene de él. De allí que ante cualquier circunstancia adversa, decimo Jesús en ti confío”
“Pero yo, oh Señor, en Ti confío; Digo: "Tú eres mi Dios." (Salmos 31:14)
Es posible que en nuestro camino encontremos personas que necesitan ayuda, pensemos que la mejor manera de ayudarlo es orando por ellos, porque así serán bendecidos por Dios y a través de esa bendición se verán rodeados y envueltos en su luz y su amor.
“Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder.” (2 Tesalonicenses 1:11)
Son muchas las cosas que nos pueden servir de inspiración para caminar por las veredas de la vida con entusiasmo, lo cual nos podrá permitir satisfacer nuestras necesidades con facilidad y siempre con un espíritu creador e innovador.
Ser humilde de corazón, significa ser benévolo con nosotros mismos y con todas las personas con las cuales nos relacionamos, tratándolos con verdadera bondad y compasión, siguiendo las enseñanzas de Jesús.
“Siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor.” (Efesios 4:2)
Con la misma luz con la que Dios creó el Universo, fuimos creados. Encontremos el verdadero significado de la vida, procurándola vivir en perfecta armonía con el Universo, con la esperanza de ser un canal de paz y amor, que sustente todas nuestras relaciones interpersonales.
“En El estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.” (Juan 1:4)
Son varios los caminos que gracias a Dios, he podido transitar en la vida: el camino de la niñez, el de la adolescencia, el de la juventud, el del adulto y actualmente transitando el camino del adulto mayor. Todos estos caminos los he disfrutado plenamente, en su justo momento, sin adelanto y sin demora, viviendo estos años dorados, quizás no como me los había planteado y deseado. Pero si los estoy viviendo sin añorar los viejos caminos recorridos, más bien los vivo dedicándolo a mi mismo y sobre todo a crecer espiritualmente. Luchando para que la situación actual difícil y penosa que estamos viviendo los venezolanos, que  a veces por momento hace que afloren  en mi palabras y emociones negativas, no me hagan perder mi libertad espiritual.  A la vez que procuro ayudar a otros a elevar sus niveles de espiritualidad. Para que puedan tolerar los momentos difíciles y apaciguar esos estados de angustia, ansiedad e incertidumbre que reinan en nuestro ambiente.   


Fuente:
Castro F. (2017) Luz en mi camino. Fer Editor Productor. Caracas-Venezuela.

viernes, 1 de mayo de 2020

RESPIRACIÓN CONSCIENTE



 La respiración es una de las funciones vitales de todo ser humano, que consiste en absorber el oxigeno a través de la inhalación, el cual entra en el flujo sanguíneo, produciendo la energía necesaria para el organismo, y expulsar con la exhalación el dióxido de carbono.

Respirar es lo que más hacemos en nuestras vidas y que muchas veces no le prestamos la debida atención  porque simplemente no tenemos conciencia de su vital importancia. La respiración es una actividad automática que puede fácilmente ser controlada de manera consciente. De allí la importancia de la llamada Respiración Consciente, como su nombre lo indica es tomar conciencia de esta vital actividad, centrar la atención en nuestra respiración para devolver nuestra mente a nuestro cuerpo, con indudables efectos benéficos sobre la salud física, pero también debe manifestarse en un sentido espiritual para que se produzcan cambios positivos en la conciencia y la vida de las personas. Todo esto, nos indica, que la respiración es un medio de la conciencia, al respirar profundamente, mayor será la amplitud de conciencia; pero para que eso suceda debemos tener conciencia de ella.

La clave para lograr la relajación de la mente y el cuerpo, es una buena respiración, se puede decir que es la llave de nuestro bienestar físico, emocional y espiritual. Y es que el aire está estrechamente vinculado con el alma viviente.

Aprender a respirar significa mejorar la salud, relajar el sistema nervioso lo que implica minimizar los niveles de ansiedad, angustia, cansancio, insomnio y sobre todo liberar el estrés y recargar nuestras energías. Son muchos los beneficios   que se pueden lograr cuando prestamos atención a nuestra respiración y la hacemos de manera consciente. Además de los antes mencionados, una respiración consciente ayuda a reforzar nuestro sistema inmunológico, mejorar problemas cardiacos, hipertensión y algo muy importante a controlar la ira y la rabia; la respiración consciente nos permite controlar nuestro cuerpo y nuestra mente.

Los niveles de concentración también se ven beneficiados a medida que practicamos con frecuencia la respiración consciente, esto se debe a que centramos nuestra atención en una sola cosa (la respiración) durante el tiempo que deseamos.

Nuestro torrente sanguíneo también se ve beneficiado porque al respirar conscientemente: inhalar-detener-exhalar-pausa las cuatro fase de la respiración, estamos dando mayor oxigenación a los pulmones.

En mis sesiones de Chi Kung terapéutico con mi grupo del gimnasio, siempre les insisto en la importancia de la respiración, iniciamos la clase recordando “boca cerrada, lengua pegada al paladar: inhalar-detener-exhalar-pausa.” Al inhalar me alimento y al exhalar me limpio. Le dedico clases especiales para hacer auto-terapia de respiración, y de igual manera ejercicios de respiración consciente inhalando lo bueno y exhalando lo malo. Les insisto en que la respiración consciente es el medio adecuado para estar consciente del hoy y el ahora. Considero que sin ejercicios de respiración es difícil e imposible obtener los efectos terapéuticos del Chi Kung, a la vez que mantener en forma el estado físico. Sincronizar el movimiento con la respiración, es esencial para el despliegue de la energía.  

En conclusión la respiración más adecuada es la que somos capaces de realizar sin presión ni tensión; es más bien una respiración natural y cómoda. Pero siempre teniendo conciencia de ella, por eso se llama respiración consciente. Y libre de resistencia e inquietudes para que se torne más  profunda y poder beneficiarnos de ella.
Respirar conscientemente es tomar conciencia que el aire no se guarda únicamente en los pulmones, sino que viaja por todo el cuerpo llenándolo de vitalidad y transmutando los centros energéticos, cambiando lo malo por lo bueno.

Respirar conscientemente es elevar nuestro nivel de conciencia, creando una sensación de apertura y a descubrir quienes somos. La respiración está íntimamente relacionada con la relajación, un cuerpo relajado le resulta más fácil respirar.
“Me calmo, respiro y me lleno de paz”
Namaste




Fuentes consultada:
AON (1998) Tai Chi Chi Kung. Sus virtudes de oro. Editorial Kier S.A. Buenos Aires- Argentina.
Zhang Fuxing (1997) El libro de Tai Chi. Ediciones Martínez Roca, S.A. Barcelona-España



miércoles, 1 de abril de 2020

LA DIVINA MISERICORDIA




Estamos viviendo tiempos de gran tribulación, angustias y temores ante la presencia de la inminente pandemia a nivel mundial del Coronavirus. Pero Dios nos ha dejado en manos de Santa María Faustina el tesoro de su Divina Misericordia para toda la humanidad.
Cuando  Dios  revela  un mensaje  a  la  humanidad,  lo hace  a  través  de  personas  humildes  y  sencillas.  Es  así como, a partir del 22 de  febrero de 1931, nuestro Señor se  le  aparece  a  Sor María  Faustina,  religiosa,  nacida  en Glogowice,  cerca  de  Lodz,  Polonia,  el  25  de  agosto  de 1905,  perteneciente  a  la  Congregación  de  Hermanas  de Nuestra Señora de la Misericordia, mejor conocidas como las  Hermanas  Magdalenas;  a  la  que  entró  cuando  tenía veinte años. Y es que María Faustina se caracterizaba por su  prudencia,  piedad,  inteligencia  y  humildad.  Y  a  todas estas  virtudes  hay  que  agregar  su  encantadora  belleza espiritual, producto de su amor al prójimo y a Dios.  
La  devoción  a  la  Divina  Misericordia  empezó  algunos años antes de  la segunda guerra mundial en pequeños círculos  particulares;  siendo  en  el  año  1933  cuando  se  hizo público por primera vez, año en que la nueva imagen de Jesús Misericordioso fue expuesto en Vilna-Ostra Brama, Polonia.  
El 10 de octubre de 1937, Santa Faustina recibió otra Revelación  del Señor,  donde  establecía  a  las  3  de  la  tarde como  la hora de  la Gran Misericordia. A esta hora, generalmente, los devotos rezan la Coronilla a la Divina Misericordia, puesta de manifiesto a Santa María Faustina en varias oportunidades, especialmente cuando se disponía a rezarla pidiendo por las Ánimas del Purgatorio o por aquellas personas que atravesaban una muerte difícil.
El rezo de la Coronilla es muy sencillo, se inicia con un Padre nuestro, un Avemaría y un credo. Luego en las perlas grandes se dice: “Padre Eterno, te ofrezco el cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tú Amadísimo Hijo Nuestro Señor Jesucristo, por nuestros pecados y los del mundo entero.” Mientras, que en las perlas pequeñas se dice: “Por su Dolorosa Pasión, ten Misericordia de nosotros y del mundo entero.” Y al final de las cinco decenas se dice tres veces: “Santo Dios, Santo Fuerte, Santo inmortal, ten Misericordia de nosotros   y del mundo entero.”
Desde el año 2000, la  Iglesia ha  instituido  la  fiesta de  la Divina Misericordia, el  domingo después de Pascua de Resurrección. Para la Iglesia Católica incluir una fiesta por motivos de apariciones sobrenaturales no es nada extraño. Revisando su historia encontramos que la fiesta de Corpus Christi fue introducida debido a las revelaciones de la Beata Juliana de Cornillon; la del Sagrado Corazón de Jesús, por las apariciones a Santa Margarita de Alcorque. Igualmente se han establecidos fiestas por apariciones de la Santísima Virgen María, tales como la fiesta del Monte Carmelo, la de Nuestra Señora de Lourdes y la del Inmaculado Corazón de María luego de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima. 
Sor María Faustina murió, el 5 de octubre de 1938, a los  33 años de edad. La fama de la santidad de su vida crecía al igual  que  la  propagación  de  la  devoción  a  la  Divina Misericordia y a los  favores  concedidos  por  su  intercesión.
Entre  (1965 y 1967) en Cracovia, se  inicia el proceso de beatificación, el cual concluyó en diciembre de 1992, y el 18  de  abril  de  1993, día de la fiesta de la Divina Misericordia,  Juan  Pablo  II  beatificó  a  Sor María Faustina. Fue canonizada el 30 de abril de 2000, segundo domingo de Pascua, día al que la Iglesia católica denomina también Domingo de la Divina Misericordia. El Santo Padre presidió la ceremonia de canonización ante una gran multitud de peregrinos de la Divina Misericordia.
Nuestro Señor en su aparición a Santa María Faustina le dijo: ¡Hija mía!, Habla a todo el mundo acerca de mi infinita Misericordia y de ser el refugio de todas las almas.
“No me niegues, Señor, tu misericordia;
que siempre me protejan tu amor y tu verdad.”
(Salmo 40:11)

Siendo la Misericordia de Dios de gran importancia para la humanidad y especialmente, tomando en consideración los días que estamos viviendo atormentados, angustiados y con mucha incertidumbre. Los invito a elevar la siguiente plegaria a la Divina Misericordia:
ORACION
¡Oh, Dios!, cuya Misericordia es infinita y cuyos tesoros de compasión no tienen limite, míranos con tu favor y aumenta tu Misericordia dentro de nosotros, para que en nuestras grandes ansiedades no desesperemos, sino que siempre, con gran confianza, nos conformemos con Tu Santísima Voluntad, la cual es idéntica con tu Misericordia, por Nuestro Señor Jesucristo, Rey de Misericordia, quien contigo y el Espíritu Santo, manifiesta Misericordia hacia nosotros por siempre. Amén.
“Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.” (Hebreos 4:16)


domingo, 1 de marzo de 2020

Dejar fluir



Dejar fluir, no es otra cosa que dejar ir; puede resultar a veces difícil, sobre todo cuando nos aferramos mentalmente a un problema o a una situación determinada; y lejos de dejar ir y soltar, lo que hacemos es revivirlo una y otra vez, generando un sentimiento de ansiedad y angustia terrible en nuestro interior.
Cuando somos personas de fe y creyentes, nos resulta más fácil dejar ir y dejar que la paz de Dios nos llene de serenidad y sabiduría; y bajo ese estado nos será más fácil ver la solución al problema. Además podemos encontrar el camino hacia una vida mas feliz: “Me enseñarás el camino de la vida, me hartarás de gozo en tu presencia, de dicha perpetua a tu derecha”. (Salmos 16:11).
El dejar ir, en cierto modo nos compromete a confiar siempre en Dios y en su poder, y a no separarnos de su confianza.
Al dejar ir nuestras preocupaciones nuestra mente descansa y hasta podemos sentirnos felices y satisfechos.
En nuestra infancia sentíamos una confianza natural en nuestros padres y nos sentíamos seguros; igualmente ahora de adultos si estamos conscientes que somos hijos de Dios y por ende nuestro Padre, podemos confiar en que nos preverá de todo lo necesario para disfrutar de una vida de salud, abundancia y paz: “En él pondré yo mi confianza. Y nuevamente: Henos aquí, a mi y a los hijos que Dios me ha dado”. (Hebreos 2:13).
Si tenemos un problema de salud; además de cumplir con nuestro tratamiento, es recomendable dejar ir la preocupación y dejar que fluya a través de nosotros la vida divina que nos llenará de energía y así poder enfrentar todo con entusiasmo y valentía.
Dejar fluir, es dejar el pasado. No permitir que el pasado domine nuestro presente. No concentrarnos en eventos del pasado que nos impiden vivir el hoy y el ahora plenamente. Puede haber momentos de tu vida que tus pensamientos se vean afectados por la negatividad, bien sea por algo que no te ha salido como tu esperabas o por la frustración de no poder resolver cualquier situación importante de tu vida. Sin embargo, debes aferrarte a la oración, te llenarás de energía positiva con la confianza que eres uno con Dios y que su luz resplandecerá en ti ayudándote a tener una visión clara, de todo lo que acontece a tu alrededor.
Dejar ir es dejar atrás las heridas del pasado, despojarnos del odio, el rencor y la venganza; y mas bien perdonar y bendecir al o a los causantes de esas heridas. Solo así, podemos liberarnos de esas cargas negativas que están afectando el presente. El perdón ayuda a sanar y revitalizar nuestras emociones.
Si nos apoyamos en la oración podemos lograr tranquilizar nuestra mente y dejar ir las preocupaciones del ayer y del mañana; vivir el ahora en orden perfecto y en paz. “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. (Filipenses 4:6-7)

Cuando afloran en nuestras mentes, pensamientos negativos del pasado lo propio seria, que así como desviamos la mirada cuando no queremos ver algo que nos disgusta, igualmente podemos desviar esos pensamientos negativos hacia pensamientos positivos. Para ello es muy importante enfocarnos en cambiar estos pensamientos lo que implica cambiar nuestra forma de pensar, tener confianza en nosotros mismos y la seguridad de ser capaz de lograr lo que nos proponemos.
Es recomendable el uso de afirmaciones positivas diariamente y asumir una actitud positiva ente las situaciones que se nos presentan.
En fin dejar fluir nos ayuda  aquietar nuestros pensamientos y calmar nuestras emociones. Dejar ir y dejar a Dios actuar; no implica que no hagamos nada, tenemos que llenarnos de confianza y seguridad.