La devoción al Santo Rosario
es muy antigua. Consiste en un acto de reflexión y meditación de los misterios
de Cristo, acompañado de la repetición del Padre Nuestro, del Avemaría y del
Gloria; sirviendo de fortalecimiento de la fe y convirtiéndolo en un verdadero
acto de amor y esperanza.
Consta de cinco misterios:
Gozosos, que se rezan lunes y sábados. Dolorosos, que se rezan martes y
viernes. Gloriosos, que se rezan los miércoles y domingos. Luminosos, que se
rezan los jueves.
Cada vez que rezo los
misterios dolorosos, inmediatamente, lo asocio con la Semana Santa. De allí,
que este mes decidí dedicar mi artículo a los misterios Dolorosos de Nuestro
Señor Jesucristo. Que como todo creyente nos hacen revivir la crucifixión de
Cristo, como la demostración del más profundo amor de Dios al hombre.
Primer
misterio Doloroso
La
oración de Jesús en el huerto de Getsemaní
Con
el alma triste y angustiado. Sintió la necesidad de prepararse ante todo lo que
le esperaba. Con el rostro sobre la tierra, Jesús suplicó:
“Padre
Mío, si es posible, que pare de mi esta copa, pero no sea como yo quiero, sino
como quieras tu”. (Mateo 26: 36-41)
Jesús encontró la fortaleza
para enfrentarse con valentía a los sufrimientos. Esto nos demuestra el poder
de la oración, cuando oramos de manera sincera y que sale de nuestro corazón.
Es una manera de abrirle la puerta para que Dios como creador del universo y a
través de su poder obre en nosotros. Y nada puede ser más fuerte que el poder
de Dios en nuestras vidas.
Segundo
misterio Doloroso
La
flagelación del Jesucristo
Al preguntarle Pilato a
Jesús si era su rey. Jesús respondió:
“Si como dices, soy rey. Yo
para esto he nacido y para esto he venido al mundo. Para dar testimonio de la
verdad, escucha mi voz”. (Juan 18:36-38)
Pilato
aun cuando le dijo al pueblo judío que no encontró delito en Jesús; lo mando
azotar.
Esta flagelación transformó toda su espalda en una inmensa llaga, sufrimiento de Jesús para pagar nuestros pecados en un acto de amor hacia nosotros.
Tercer
misterio Doloroso
Jesús
es coronado de espinas
Llevado
Jesús al Pretorio por los soldados y llamada toda la cohorte. Es vestido de
púrpura y trenzando una corona de espinas la cual colocaron sobre su cabeza, al
tiempo que lo golpeaban y escupían, gritándole:
“Salve
rey de los judíos”. (Marcos 15:14-17)
Y de
esa manera Jesús aceptó tal humillación de ser coronado con espinas, tratado
como un rey de burlas.
Sin duda alguna que las espinas que podamos encontrar en nuestro camino, serán insignificantes ante el dolor que causaron esa corona de espina y que desgarraron la frente de Jesucristo.
Cuarto
misterio Doloroso
Jesús
camina con la Cruz a cuesta rumbo al calvario
El
día de la preparación de la Pascua y una vez condenado. Pilato se dirige a los judíos
y les dice: “Aquí
tenéis a vuestro rey” a lo que ellos gritaron “¡Fuera, fuera!
¡Crucificadlo!”; respondiendo
Pilato: “A
vuestro rey voy a crucificar”. Y así se lo entregó para que fuera
crucificado. Toman a Jesús, y Él con su cruz a cuesta, salió hacia el Calvario.
(Juan 19:12-18)
Se imaginan cuanto dolor, cansado, sin dormir, flagelado, coronado de espina, sudando lo cual hizo que cayera varias veces en el camino. Pero su amor tan grande hacia nosotros lo hizo sacar fuerza para seguir su camino a la Cruz.
Quinto
misterio Doloroso
La
crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo en la Santa Cruz.
Estando
Jesús en la cruz y al ver a su madre María y a su discípulo. Jesús dice a su
Madre: “Mujer
ahí tienes a tu hijo” y al discípulo: “Ahí tienes a tu Madre”. Jesús al momento de
morir tuvo sed, al beber el vinagre exclamó: “Todo está cumplido” e inclinando su
cabeza entregó su espíritu. (Juan 19: 25-30)
Y así, Jesús por amor a nosotros entregó su vida. Y a través de su muerte pudimos alcanzar una nueva vida. Nos corresponde desechar las cosas perecederas y banales de este mundo y apegarnos a las cosas que son eternas y que nos conducirán al Reino de Dios.
¡Semana
Santa!
Época
de reflexión y renovación de nuestra fe.